Pequeño comentario Sobre la Obra de Nadín Ospina.

 

– Prendo el televisor: Canal Fox. Homero Simpson estrangula brutalmente a Bart Simpson. Canal Caracol.  Avances de “Escobar, el patrón del mal”. Señal Colombia, documental sobre el legado de la cerámica indígena, martes a las 8:00 p.m. ¡Ya vuelve, Lego Ninja Adventure, Sólo en Nick! – Apago el televisor, cambio de Matrix. Iniciar sesión de Facebook. A Nadín Ospina le gusta la publicación del 23 de febrero del 19 de marzo del 24 de diciembre, Nadín Ospina hizo una publicación, y otra, y otra. Nadín Ospina te invitó a su evento, La Suerte  del Color, Retrospectiva, 1980-2013. Rechazar.

No cabe duda que la obra de Ospina, a lo largo de su carrera ha tenido varios cambios en su forma de construir imagen y discurso, y que esos cambios, que siguen jugando en el mismo sentido de la obra, han marcado un hito en lo  que es el arte colombiano desde los 80 para adelante, Ospina distorsiona la idea de identidad cultural, inicialmente para cuestionar la idea de lo que significa ser latinoamericano, poniendo en conflictos la herencia cultural indígena y la cultura de masas impuesta desde la hegemonía occidental, exagera el conflicto hasta que anula ambas partes. A lo largo de los años, la obra de Ospina ha devenido en entropía, en desgaste.

Decayendo en obviedad, denota una operación de copy-paste que funcionó en un inicio con los críticos del high tech, pero que ahora degenerado el gesto, se convierte en una mera estrategia estilística, carente de sentido, enajenada por su propio exceso de sobre-escritura. “En cuanto a la escultura Ospina ha retornado la figuración abandonada en el país desde mediados de siglo (si no se cuenta la estatuaria y uno que otro experimento interrumpido) para internarse en lo que se podría denominar “un expresionismo sui géneris” (1). ¿Expresionismo sui generis? ¿Eso tiene algún significado de verdad? ¿Por qué expresionismo? ¿Por qué sui generis?

Nadín Ospina es el artista pop por excelencia de este país, siguiendo esa tradición, roba imágenes de la cultura popular-digo robar no, las apropia- y con una mano coge una y con la otra mano la otra y las golpean formando una masa monstruosa de signos, un mutante. Un Mickey mouse cerámico. Es una copia de una copia, de Warhol, de Jeff Koons, de Murakami, de Nadín Ospina. Y el Bart Simpson chibcha nos mira fijamente con sus ojos muertos  desde su pedestal, nos odia.

Desgaste por sobrecargo. Existe una tendencia en los últimos años en donde los contenidos en imágenes tienen a recargarse, voluntaria o involuntariamente,  de discursos, de cinismos, de rellenos incomprensibles y laberinticos de cada vez más y más fichitas de lego. ¿Para qué? Había un lenguaje de mucha más riqueza simbólica en los primeros años, los finales de los 80 y principios de los 90. Cuando pintaba, o sea, cuando pintaba bien. La etapa más relevante en su obra fue esa, antes de ganarse el premio del salón nacional de artistas –qué coincidencia- (2) y bueno también un poco después, hasta los críticos del High Tech. Ahí fue su pico, luego de eso empezó el lento decaer.

Creo que ya había hecho entender su punto con los críticos de High Tech, los personajes de Disney van ahí de colada, junto con Eric Cartman, Super Rodin, etc. Son lo mismo disfrazados de otra cosa, para que no se vea tan monótono, para que crean que evolucionó el lenguaje y el discurso. Pero no. Y ya han pasado casi 20 años desde entonces. Pero pues él  ya la sabe hacer, la tiene calibrada. Por algo se posicionó, por algo “triunfó”. Si la formula funciona siempre, ¿por qué no usarla?

Pero he ahí el asunto, no siempre funciona, a veces el ojo es de un tigre de papel. Por otro lado, cuando se usa la misma receta de arroz con pollo que quedó deliciosa al principio, ya no es tan rico, porque es igual, y el sabor será cada vez más inerte hasta que sepa a un arroz viejo recalentado todo revuelto todo manoseado, pero con la misma exacta receta deliciosa del principio. Y así mismo como el arroz con pollo, la obra de Nadín Ospina es sólo un mazacote de lo que alguna vez fue.

 

 

 

 

 

 

 

 

Notas:

(1)    Eduardo Serrano. 1990. Del catálogo de la exposición: Los críticos y el arte de los 90s

(2)    1992. Primer Premio. XXXIV Salón Nacional de Artistas Colombianos. Instituto Colombiano de Cultura. Corferias. Bogotá.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s