Programación Estándar (Juan Téllez)

 

 

 

Madrugar, literalmente levantarse cuando aún es de noche porque así te lo enseñan desde pequeño, si es que dormiste. La rutina del baño, el aseo cotidiano que requiere la presentación en sociedad. Consumir alimentos, prepararse para el día, acciones automáticas, autómatas sociales. El tiempo empieza a circular mientras el cerebro aún despierta, cuando menos lo notas ya vas tarde y empiezas a correr, el tiempo vuela y tus pies corren torpes, transmilenio corre torpe, hasta el cigarrillo enciende torpemente en medio del gentío que corre torpe también y se apresura al encuentro de sus obligaciones cotidianas, rutinas monótonas, existencias vacías, corazones rotos y silencios profundos del alma disfrazados de carnaval civilizado; el cigarrillo muere torpemente en las manos y aún vas tarde. ¿Apresurarse o qué más da? El taco programado brinca al estado de piloto automático impuesto por una malograda noción de disciplina. Corres. Por supuesto que corres.

 

Ahora el ritual de la clase, el monema central de la vida académica. Calentar el puesto mientras el ritual da inicio, y no precisamente en sentido figurado; calentar la existencia de una intimidad mañanera interrumpida por la monstruosa máquina de la realidad establecida, mísero fanatismo rousseano; y el frio de la altiplanicie, del gris centro de cemento, el frío matutino de la capital. No llegan muchos y ya va pasando la media hora, pretendamos entonces comenzar la clase, inicio del conteo regresivo, exacerbación de la náusea sartreana.

 

Aprende esto, aprende aquello, contenidos a chorro, producción sistemática de embutidos técnico-intelectuales en envoltorio de carne humana con destino al despiadado mundo de las industrias culturales. El trasero en el pupitre, la cabeza en la estética relacional, en Kant, Francastel, Félix Torres Gonzales, Marx, Hegel, Sontag, las vanguardias, Fontcuberta, teorías, información, información, información, específica, programada ¿qué haré hoy después de clase? ¿Tendré dinero suficiente para sobrevivir la jornada? Creo que esta noche veré el documental palestino que tanto quería o si no termino el libro de historias eróticas… Hey! ¡Concéntrate! ¡Enfócate! Enfócate en Incolballet, enfócate en la arquitectura, en la historia, en el pensamiento crítico y la dialéctica académica, en el siglo XX, en el XXI, en el XIX y en el XVIII, en la teoría de sistemas, el pensamiento complejo, la filosofía y la estética, la ética profesional aunque de eso muchos más bien poco, en la técnica; la angustia kafkiana cuando uno ya no se reconoce a sí mismo y es necesaria una bocanada de oxígeno, así tenga smog, así huela a orines y mierda de habitantes de la ciudad sin techo. Un tinto, un tinto y un cigarro son la salvación platónica, son la respuesta.

 

Hola veci, regáleme un combo por favor (veci o vecino: vocablo diplomático indispensable para desenvolverse en el rizoma social bogotano; combo: medio paquete de Mustang azul y un tinto grande), muchas gracias. Es la mañana todavía, hay vida humana que transita bajo el sol y el contraste con la caverna del salón resulta abrumador. Por lo pronto bienvenido al Café Camilo Torres (pero no el cura guerrillero, el otro, que tampoco conozco porque nunca me enseñaron mucho de historia criolla), en todo caso el busto que se ubica en la carrera 13 con 15 y las sucias escalinatas que lo rodean, el procrastinadero por excelencia del estudiante. El cigarrillo deviene, el tinto deviene, la visita deviene, y así mismo deviene la rutina de proyectar seriedad y compromiso para recibir en respuesta una avalancha de responsabilidades pendientes, lo cotidiano. Una vez más la náusea y hasta el hastío del tabaco. Está bien, por lo pronto cumplir con el escalón de tiempo de la cronología escolar, refugiarse una vez más en la caverna, pensar un par de horas sólo para no pensar.

 

Entonces el contenido, las vanguardias, la información, Picasso, la repetición de la repetidera, memorización de cánones, absolutos, verdades. Riqueza cultural, olvido de los sin nombre, estructuras de pensamiento industrializadas, sublimadas y escleróticas, accesorias y necesarias, imposiciones del contexto circunstancial. La clase transcurre, la clase termina. Los autómatas del conocimiento salen en formación de la caverna, salen al encuentro de las siguientes cavernas, de las siguientes rutinas. Monotonía en espectro de grises transita en los pasillos, las caras preocupada y entristecidas ¿por qué? Por el compromiso ¿cuál compromiso? El propio y el social. Pero si yo no me comprometí a nada. No importa, aquí naciste y aquí tienes que estar, escoger una carrera, desenvolverte en la vida y volverte alguien ¿y alguien para quién? Para la comunidad no lo dudes, ¿para quién si no sacrificaste hace tanto tiempo tu autonomía emocional, física y racional en esta fábrica erudita de producción serial?

 

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