Carta Nunca Enviada a Nadia Granados.

Bogotá, Noviembre de 2013

¡Nadia!

Te entendemos. Estás furiosa. Tienes por qué estarlo. En serio, ya te entendimos, ¿Qué más puedes ofrecer, qué vas a hacer ahora con esa fuerza escénica? ¿Lo mismo de siempre? A la última pregunta, espero que la respuesta sea un rotundo NO. En un momento como éste, donde el cinismo de la industria cultural alcanza sus picos más esquizoides, resulta más complicado mantenerse al margen porque, eso es a lo que apunta el canon contemporáneo, es lo que funciona, lo que se busca, lo que vende. La abyección es la tendencia, y asimismo, quien decide irse por el camino más escabroso buscando algún ideal (supongo) puede estar a merced de ser introducido, moldeado, normalizado dentro de lo predecible, que por supuesto es ell lugar cómodo que se nos impone, inconscientemente, por nuestra propia decisión.

El repetitivo y grotesco espectáculo que roza con lo circense empieza a caer en monotonía, en carencia de recursos, en discursos que se empiezan a mostrar desgastados, y es la caída la que normaliza el gesto,  lo domestica, se permite para el uso del mero entretenimiento, su intento de parecer subversiva en un circuito condenado a la cuadrícula, ha fracasado.  Tal vez la pantalla se ha desvanecido no para mostrar lo que verdaderamente está diciendo, sino para revelar que ya no se está diciendo nada, nada que no se ha dicho antes, una y otra, y otra vez. Nos educaste la mirada.

¿Será posible que la noción de alegoría que se construye a partir de la fragmentación estética de la posmodernidad y la de descentramiento del lenguaje en este caso de los signos, entra en un círculo vicioso del repetir de manera obsesiva los mismos recursos estilísticos y discursivos, construyendo de alguna manera un trauma?, ¿o planteando uno nuevo más complejo, que ya no implica la simple pieza de performance, o el trabajo de una artista, sino que da indicios de un trauma dentro del circuito de la escena “independiente” de arte contemporáneo?  Los nuevos mitos son demasiado artificiales.

Y lo intimidante que proponía la acción, se volvió simplemente, otro espectáculo, algo que sirve para entretener, porque ya se sabe de antemano lo que va a suceder. Esperamos pacientemente en las bancas del parque a que termine de llenar las canecas con el agua inmunda de la fuente, nos tomamos un tinto mientras el carro llega, nos paramos porque ni la gente ni el equipo nos deja ver el show, hay que buscar sitio privilegiado, tomar registro claro está, todo está listo, el público llegó, el escenario está en su lugar, ¡qué comience el espectáculo! Es todo un éxito, felicidades. Y ahora, ¿qué?

Si la idea es hablar desde términos teóricos que se nos enseña cuan si fuera una plana de pre-escolar, de manera que se genere una distancia ficticia entre la realidad del gesto brutal de degradación de los estereotipos, y así presentar su panfleto, el manifiesto de su idea y la reiteración de la misma, el proceso de presentación de lo real, por efecto de la reiteración deliberada se vuelca sobre sí mismo, anulándolo.

¿Tendrá que ver en esto tal vez la perspectiva del espectador? Claro que sí, desde la señora que vende agua aromática que pregunta desconcertada qué es lo que está pasando, hasta la estudiante de universidad de garaje que para pretenderse superior a la señora de las aguas, la mira, de arriba abajo y le dice en el tono más pedante “es un performance” mientras piensa para sí “vieja estúpida”, quizá la estúpida sea ella, la estudiante que pretende entender qué es lo que está pasando y no tiene ni idea, su miopía es dada gracias a su pedantería. Todos  tenemos algo de la estudiante, y también algo de la señora de las aguas, somos todos víctimas y artífices de nuestro propio estancamiento, somos la tierra que ensucia, y somos el agua inmunda.

Ahora, hablando de mí, confieso que tengo miedo, tengo miedo de que ya no se pueda decir algo de forma honesta, tengo miedo de que la verdad quede comprometida por el acto compulsivo de autoafirmación, que se reduzca a un recurso estético, tengo miedo del momento en que todo será puesto patas arriba nuevamente, tengo miedo del día en que los modos de hacer de ahora sean juzgados por la historia, ¿Saldremos bien librados?, ¿Importa? ¿Por qué?

Temo porque en el futuro podríamos volver a caer en el estancamiento. Lo ideal es tratar de no hacerlo, pelear contra eso de alguna manera, no permitir dejarnos ganar tan fácil de eso que hacemos sobre eso que somos. El arte también puede ser el enemigo, y como tal, debemos estar preparados para él, como artistas que somos. ¿Seremos capaces de darle pelea? Yo creo que sí.

Honestamente, un desconocido.

 

 

Nadia Granados “La Fulminante” http://www.lafulminante.com/

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2 comments

  1. Su propaganda artística reiterativa y política, sucumbe en lo que ahora denominan ”post-porno” es su bandera y su marca, su patente y firma, es su show,,, que en el afán exhibicionista por notoriedad y demanda social, resulta siendo más circo que pan para el pueblo porque, el circo nos lo devoramos más rápido! Muchos artistas quieren que el mundo los comprenda antes que ellos comprendan el mundo, esta señorona, como una paradoja se yergue en la mitad de su show y su sátira política.

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